Lunes, 4 de Junio, 2018

Gustavo: desde Perú para el mundo

Hola, mi nombre es Gustavo. Este es el artículo que explica todo y nada sobre mi. Sé que eso no dice mucho, pero honestamente el camino que he pasado para llegar a Runa me ha redefinido de una manera, curiosa. Para iniciar, debería presentarme. Soy originario de Perú: casa de las llamas, alpacas y el ceviche peruano (el ceviche es importante más adelante en mi historia, así que no lo olvides), soy apasionado de coleccionar Legos y mi instagram está lleno de comida.

El pequeño Gustavito aprendió a programar a la edad de 14 año. Cuando tenía 18 años y estaba a punto de elegir qué iba a estudiar en la universidad, supuse que lo más lógico sería estudiar Desarrollo de Software. Así empecé la carrera, y desde que inicié tenía este sentimiento que debía estar haciendo otras cosas a parte de estudiar.

Cuando cumplí los 20 años, conocí una persona que creyó que tenía potencial y pensó que era buena idea contratarme para empezar a trabajar en su agencia de software. ¿El reto? Tenía que mudarme de Trujillo, Perú a la capital del país. Así que ahí tienen, a un universitario de 20 años con una oportunidad de esas que no se repiten dos veces. Decidí dejar la escuela un momento e irme a Lima a trabajar.

Bye Uni, hola Lima

Tranquilos, no abandoné para siempre la universidad. Sí regresé después de un tiempo a titularme (tengo mi papel y todo). Pero honestamente, en Lima aprendí muchas cosas que no encuentras en la universidad. Cuando empecé en esta agencia, no sabía absolutamente nada de lenguajes como Ruby on Rails o Java Script, y tras de 4 años acá, me había convertido en Full-Stack.

Durante mis años en Lima, ciertamente aprendí muchísimas cosas técnicas. Pero una lección valiosa que aprendí acá, fue que el mundo de la programación ciertamente tiene sus barreras con respecto a compartir conocimiento. Yo lo vivía día a día cuando quería aprender cosas nuevas y nadie podía enseñarme, tenía que hacerlo solo y no había muchos recursos que pudiesen ayudarme a que esto fuese más sencillo. La única manera: rompiendo y haciendo.

Fue este un hito que me cambió de un desarrollador común, a uno que estaba interesado en resolver los problemas de las personas.

Ceviche y Startups

Para resolver este problema, primero decidí resolver el asunto de que no había recursos suficientes en ese entonces para aprender lenguajes como JavaScript de manera súper sencilla y práctica. Empecé a escribir mi primer libro. ¿El título? Prepárate, es asombroso: “Ceviche.JS”. Les dije que el ceviche era importante. Este libro estaba diseñado para enseñar JavaScript en niveles básico e intermedio de la manera más fácil para desarrollo de frontend en web.

Segundo, durante mis años trabajando en Lima, era muy complicado poder practicar lo que aprendía de código sin romper algo. Fue así que inicié mi startup. Construimos una plataforma que permitía a las empresas contar la verdadera historia sobre el código que tenían en sus APIs o servidores, de esta manera los full-stack podían aprender interactuando con el código sin miedo a romper algo. 

Después de mis aventuras tratando de salvar al mundo de la educación tradicional y tediosa. Mi Gustavo interno me dijo que era momento de bajarse de esa montaña rusa de emociones y proyectos locos. Decidí que debía buscar un trabajo que fuese relajado y que sólo me dedicase a codear. Fue así que encontré a Runa, la oportunidad que, según yo, me iba a dar una vida sumamente tranquila.

Vaya que nunca estuve tan equivocado en mi vida…

Runa: la montaña rusa de mi vida

Empecé en Runa como desarrollador de frontend. Conforme el producto avanzaba y los retos aparecían, fui tomando responsabilidad tras responsabilidad. Llegó un punto en el que me había convertido en Tech Lead sin querer. El equipo confiaba en mi liderazgo. Para nada era la vida tranquila que había imaginado, pero honestamente no lo cambiaría por nada.

Hoy por hoy mi vida como CTO es todo menos monótona. Todos los días hacemos cosas distintas. Me siento profundamente orgulloso del equipo que me ha tocado liderar. No sólo he aprendido cosas técnicas de los demás, sino que ahora siempre llevo dentro de mí la parte de la empatía y de siempre ser la mejor versión de mi mismo.

Runa crece y yo también. ¿Qué pasará mañana? No lo sé, todo aquí siempre es nuevo. Pero algo de lo que sí estoy seguro, es que nosotros seguiremos dando lo mejor de nosotros. Creemos en un mundo donde las relaciones entre las empresas y los colaboradores sean tan buenas como las que encuentras en Runa ¡Y no descansaremos hasta lograrlo!